Elvira Arellano writes on the suffering of Central American Migrants

Posted on January 5, 2011

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El sur crucificado

Por Elvira Arellano ( English Translation follows)

Cuando Pilatos lavó sus manos de la sangre de Jesucristo, le echó la culpa por su tortura y crucifixión al propio pueblo de Jesús. Pero había sido el Imperio Romano que había corrompido a los israelitas, quienes en sus tiempos constituían un orden social basado en la ética, y convirtieron en un acto de atracción al imperio que conllevaba la pena de muerte es decir que Cesar no era un Dios. En otras palabras los romanos criminalizaron a Jesucristo y luego culpó de lo que vino en cadena al mismo pueblo judío.

Antes de que lo crucificaran, Jesucristo en cierta ocasión les había dicho a sus discípulos que “todo que esta oculta será revelada”. Así es la misión de un sacerdote totalmente entregado a su trabajo con los
migrantes en México, el Padre Solalinde.  Es una misión a la cual miles de nosotros vamos a juntarnos en los días que vienen.

Lo que se oculta es los asesinatos, los plagios, las violaciones y el abuso en general que se inflige a miles de migrantes que viajan desde Centroamérica, por todo lo largo de México para entrar en los Estados Unidos para buscar empleo o unirse con sus familias.

El Padre Solalinde, quien opera una misión dedicada a ayudar a los migrantes que viajan al norte encima del trenes llamado la BESTIA que es muy peligrosos, ha ganado mucha atención con sus denuncias del
fracaso de parte del gobierno, policía y ejército en México en proteger a estos migrantes de delincuentes armados. Por sus esfuerzos, el padre Solalinde recibe amenazas de muerte casi todos los días.

Los ataques en contra de los migrantes, que constituyen el elemento más vulnerable en toda sociedad, es una muestra más de la enfermedad de la violencia y codicia que tanto ha afectado México. También es evidencia de la deshumanización y criminalización de la mano de obra migrante en los países de Norteamérica y Europa.

Actualmente millones de personas se ven obligados a abandonar sus hogares y su patria para buscar empleo en los países ricos. En aquellos países forman una parte valiosas de la fuerza laboral, pero
no los reconocen como parte de sus economías. Como resultado se les niegan sus derechos humanos más fundamentales, incluyendo el derecho de mantener unidas a sus familias y criar a sus hijos.

En los Estados Unidos vemos todos los días las consecuencias de la existencia de 5.1 millones de niños, de los cuales 80 por ciento son ciudadanos estadounidense, amenazados por la separación de sus
familias. En México vemos padres y madres centroamericanos que se encaran con un terror mortal cuando intentan regresar a unirse con sus hijos, sus esposos y sus esposas, o cuando intentan seguir rumbo hacia el norte para buscar empleo para poder ayudar a sus familias en sus países de origen.

La masacre de los 72 migrantes hace unos meses enfocó la atención en los peligros que amenazan a los migrantes centroamericanos en México, y la falta de protección de parte del gobierno mexicano. Los 72 eran solo unos cuantos de los miles que han sufrido atropellos por los hampones y la policía. Mientras tanto los políticos en Washington D.C. y los patrones quienes durante decenios han ofrecido empleos a
millones de indocumentados, se “lavan las manos” de ellos, como hizo Pilatos.

Los romanos también se jactaban de ser una nación de leyes, pero solo para sus propios ciudadanos. Es decir que los Estados Unidos “es una nación de leyes” no lo absuelve de la responsabilidad por haberse
burlado de sus propias leyes. La administración de Reagan reconoció que su país había incumplido las leyes y ofreció la primera amnistía tras una moratoria sobre las deportaciones. Después de esa remediación parcial el país permitió la entrada de 12 millón más de trabajadores indocumentados y sus familias, aceptó su contribución irrecuperable a los fondos de Seguro Social, a muchos les proporcionó números para poder pagar sus impuestos, mientras que bancos y otras entidades poco escrupulosas les ofrecían préstamos hipotecarios para comprar sus casas.

Es verdad que millones de trabajadores cruzaron las fronteras y trabajaron sin autorización, también es el caso que todos los componentes del sistema económico de los Estados Unidos utilizaron, conscientemente, su mano de obra y todos los ciudadanos se beneficiaron de su labor y sus contribuciones al gobierno.  Mientras tanto ni los Demócratas ni los Republicanos se esforzaron a aplicar las leyes fuertes en contra de los que emplean mano de obra indocumentada.

La actual política de solo reprimir a los indocumentados, que ha producido una taza de 1,100 inmigrantes deportados cada día, criminaliza a los más vulnerables de los muchos que violaron las leyes estadounidenses en este asunto. A la vez, los ciudadanos norteamericanos que se beneficiaron de la explotación, muchas veces crueles, de los indocumentados han quedado con sus ganancias, sin castigo alguno.

El padre Solalinde ahora es simplemente un testigo de esta “hipocresía romana” que ha tenido el resultado de que miles de personas hayan caído en las manos de elementos asesinos y violentos, cuya presa es gente pobre que físicamente son iguales y hablan el mismo idioma. Mientras tanto, Pilatos se lava sus manos.

The Crucifixion in the South

By Elvira Arellano

When Pontius Pilot “washed his hands” of the blood of Jesus, he put the blame for his torture and crucifixion on Jesus’ own people. Yet it was the Roman Empire that corrupted the Israelites once ethical social order and made the claim that Caesar was not God an act of treason, punishable by death. In other words, the Romans “criminalized Jesus” and then passed on the blame for his torture and crucifixion to his own people.

Before he was crucified, Jesus once told his disciples that “everything which is covered up will be revealed.” That is the mission of a dedicated priest in Mexico, padre Solalinde – a mission that thousands of us will join in the next few days.

What is being covered up is the murders, kidnappings, rapes and abuse of thousands of migrants as they make their way up from Central America through Mexico, on their way to find work or rejoin their families in the United States.

Padre Solalinde, who operates a mission for the migrants as they ride  on top of the dangerous trains to the north, has gained much attention denouncing the failure of the Mexican government, police and army to protect the migrants from armed gangs. His efforts have also gained him almost daily death threats.

The attacks on the migrants, the most vulnerable in every society, is a sign of the sickness of violence and  greed that has gripped Mexico. It is also the consequence of the dehumanization and increasing criminalizatin of migrant labor in the wealthy countries in North America and Europe.

There are now hundreds of millions of people that are forced to leave their homes and their countries to find work in the rich countries. They provide a valuable part of the labor force in those countries – yet they are not formally recognized as part of their economies. As a result, they are denied basic human rights – including the right to keep their families together and raise their children.

In the United States we see the consequences every day of 5.1 million children, 80% of whom are U.S. citizens, facing the separation of their families. In Mexico, we are seeing fathers and mothers from Central America facing a deathly terror as they try to get back to their children and their spouses – or continue the journey to the north to find work to support their families back home.

The massacre of 72 migrants by the Zeta cartel a few months ago focused attention on the dangers faced by the Central American migrants – and the lack of protection they receive from the Mexican government. The 72 were only a few of the tens of thousands that have suffered at the hands of both corrupt government police and gangsters. Meanwhile the politicians in Washington D.C. and the U.S. employers who, for decades, offered jobs to the undocumented by the millions “wash their hands” like Pontius Pilot.

The Romans also boasted of being  a nation of laws – for their citizens. Saying that U.S. is a “nation of laws” does not free that nation from taking responsibility for its failure to observe these laws. The Reagan administration recognized that the nation itself had failed to comply with immigration law and sponsored the first amnesty after implementing a moratorium on deportations. Following that partial remediation, the nation and its businesses actually offered employment to 12 million more undocumented workers, accepted their irretrievable contributions to social security, gave many of them tax numbers and collected their taxes, while banks and unscrupulous mortgage companies sold them mortgages.

While it is true that millions of workers crossed the border without authorization and worked without authorization, it is also true that almost every component of the US. nation’s economic system knowingly utilized their labor and every citizen of the nation received the benefits of their labor and their financial contributions to the government. Meanwhile, neither Democratic nor Republican administrations moved to enforce the increasingly stringent laws against employers.

The current enforcement only policy – leading to 1100 deportations every day – criminalizes the most vulnerable of those who violated the laws of the United States. At the same time, those U.S. citizens who benefitted from the frequently cruel exploitation of the undocumented have pocketed their profits and have gotten off scott free.

Padre Solalinde now simply bears witness to this “Roman Hypocrisy”, which has placed thousands of people in the hands of violent, murderous men who prey on poor people that look like them and speak the same language. Meanwhile Pontius Pilot washes his hands.

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