La Fe de Abraham

Posted on September 20, 2011

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Por Elvira Arellano

Por la fe de Abraham, cuando fue llamado par ir a un lugar que mas tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a donde iba. Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida (Hebreo 11:8).

Durante el último año no se ha realizado ninguna acción en el Congreso de los Estados Unidos para remediar las leyes rotas de inmigración, pero la lucha ha seguido. Algunos estados han imitado el ejemplo de Arizona, aprobando leyes locales que autorizan que los policías locales lleven a cabo la administración de las leyes de inmigración. El Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security), por medio del programa “Comunidades Seguras”, ha promovido un plan semejante.

De parte nuestra, algunos estados han negado participar en la administración de las leyes migratorias y algunas ciudades consideran la posibilidad de negar su cooperación a ICE en encarcelar y entregar personas a esta dependencia federal. El Condado de Cook, en Illinois, acaba de aprobar una ley diciendo que sus funcionarios no detener a personas indocumentadas a petición de ICE, con el argumento de que estas detenciones son costosas y ICE no paga por ellos. Es posible que Nueva York considere una ley parecida en el futuro cercano.

Lo mas importante, este año hemos llevado a cabo una campaña para convencer al presidente Obama que debe utilizar su poder de discreción para poner alto a la deportación de jóvenes que fueron traídos a los Estados Unidos por sus padres cuando muy jóvenes, y de los padres de los 4 millones de niños que son ciudadanos estadounidenses. Según lo que la administración ha acordado, esta clase de personas, siempre y cuando no tienen antecedentes delictivos serios, deben ser puestos en libertad si son detenidos, y el gobierno debe cerrar sus casos si ya se encuentran en vías de ser deportados.

El Congresista Luis Gutiérrez vendrá a Nueva York el primer día de octubre para explicar esta nueva victoria y para ayudar a organizar a la gente para poderse defender y a sus familias.

De modo que la lucha sigue. Pueden pasar unos años antes de que podamos contar con una composición política en el Congreso adecuada para aprobar una reforma migratoria integral y justa. Este periodo pone en prueba la fe y la integridad de nuestro movimiento.

Para familias amenazadas por la separación, o para jóvenes amenazadas por la probabilidad de que les quite todo, la batalla es de sobrevivir. Los padres trabajan duros para que sus hijos puedan tener la vida que es suya por derecho. Están trabajando sin derechos. Aun con las nuevas protecciones, siempre tienen preocuparse de que alguien los denuncie. Carecen de seguro de salud, y no serán elegibles bajo la nueva reforma sanitaria nacional. Es para ellos una vida dura de puro sacrificio.

Durante mis últimos meses de santuario en la iglesia en Chicago, pasaba un periodo cuando el Congreso había optado por no hacer nada. Pedí a la Familia Latina Unida que se fuera a Washington para decirle a la entonces presidente de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi que para nosotros un estatus de protección temporal seria aceptable, aun sin un sendero claro a la ciudadanía. Le dije “mi hijo tiene el derecho de crecer a adulto en los Estados Unidos pero es demasiado joven para permanecer aquí solo. Por favor déjenme permanecer aquí para apoyarlo hasta que él haya alcanzado a una edad para poderse apoyar solo, además de decidir donde desea vivir”.

En los Estados Unidos hay elementos que no desean que la comunidad latina crezca en números y en poder. Están peleando para que se nos aplique la “mano dura”. Nosotros luchamos para defender a los indocumentados, pues nuestra gente merece la justicia. Nosotros no fuimos los inventores del sistema de mano de obra indocumentada, quien lo inventó fue la codicia de las corporaciones. Por nuestra parte, nos adaptamos simplemente para poder vivir en ese sistema. Por motivos de justicia, nadie le debe echar la culpa a los indocumentados por la existencia de este sistema. Pero hay otro motivo para mantener la batalla.

Yo creo que Dios les dio una misión a los indocumentados. Como Abraham, los llamó para que fueran a un “país extranjero”, al igual que a Abraham. Al principio fuimos para enviar dinero a nuestras familias en nuestras patrias. Luego quedamos para criar nuestros hijos. En nuestros millones estábamos cambiando la cara de los Estados Unidos. Como van creciendo sus números estos millones llegan a la madurez como ciudadanos. Los latinos van a transformar a los Estados Unidos para que sea un país más justo para los latinos, y para que los Estados Unidos desempeñen un papel más justo en America Latino. Creo que eso es nuestro destino.

En México, estamos pelando todos los días para proteger los migrantes centroamericanos para que sobrevivan el peligro de la muerte, del rapto y de los asaltos como van viajando hacia el norte para unirse con sus familias. Lo que yo veo en ellos es la misma fe que ví en las familias que luchan para permanecer en los Estados Unidos, — trabajando duros, tratando de criar sus hijos en el camino de la justicia.

Lo que veo, lo que experimento, es “la fe de Abraham” en el momento en que Dios lo llamo para que fuera a un país extranjero. Vemos esto en los ojos y las lagrimas de nuestros hijos. Es más poderoso que todo el odio, que toda la politiquería que otros lanzan en contra de nosotros. En el cielo ya hemos ganado la victoria.

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