LA HIPOCRESÍA DE LA LEY ES CONTAGIOSA

Posted on March 4, 2012

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LA HIPOCRESÍA DE LA LEY ES CONTAGIOSA

Segundo domingo en la marcha hacia Jerusalén

Daniel 6:13-22  Daniel en el foso de los leones          Mateo 19:3-9 sobre el divorcio

 

Daniel era una persona indocumentada en una tierra extranjera. Había ganado favor porque tenía una gran visión y pudo leer sueños, pero a la vez él fue fiel a su fe y rezó tres veces al día. Hipócritas que temían el poder creciente de la gente de Daniel convencieron al rey para hacer una ley que todas las personas tenían que rezar a un ídolo una vez al día. Daniel se negó a obedecer la ley hipócrita que fue diseñada para romper su fe. Se negó a rezar ante el ídolo y continuó a rezar a Dios tres veces al día. Los hipócritas le dijeron al rey que Daniel estaba violando la ley del rey, entonces el rey puso Daniel entre leones hambrientos. Pero los leones no atacaron a Daniel. Esto demostró al rey que Daniel era inocente, aunque rompió una ley hipócrita.

Daniel enfrentó una ley hipócrita con su inocencia y su fidelidad – y fue victorioso, superando incluso la pena de muerte. Su victoria salvó a su pueblo.

La estrategia de Daniel fue también la estrategia de Jesús para salvar a su pueblo. Él podría enfrentar leyes hipócritas injustas, leyes que oprimieron a su pueblo, con su propia inocencia y fidelidad. Cuando ellos le crucificaron, su hipocresía estaría revelado. Cuando él fue resucitado, liberaría a su pueblo de su temor a sus opresores. Igual que cuando Daniel fue liberado de la leonera. También les inspiraría a limpiar ellos mismos de su propia hipocresía.

Nos enfrentamos a una ley hipócrita. La ley de inmigración que oprime nuestra comunidad. Tal ley fue aprobada en 1996 por un Congreso Republicano que convenció a Presidente Clinton a firmarla igual que los hipócritas que convencieron al rey en la época de Daniel. A lo largo de años esta nación utilizó millones de personas para hacerlos ricos y cuando llegaron a ser demasiados, y tuvieron hijos de ciudadanos estadounidenses que crecen y se convierten en votantes, estos hipócritas racistas decidieron utilizar una ley de expulsarlos del país. 9/11 les dio excusa. Como Elvira dijo, “no podían encuentran a Bin Ladin entonces encontraron a mí, porque yo no estaba ocultándome.”

Para combatir esta hipocresía, hemos seguido el “plan de Jesús.” Familias valientes enfrentando separación salieron y testificaron en público, marcharon, protestaron y hablaron ante los miembros del Congreso. Llevaron su caso a la Corte Suprema. Como Daniel y como Jesús, dijeron, “no podemos seguir la ley porque estamos siguiendo la ley de Dios; es decir, lo que Dios ha unido, nadie puede separar.

Conocemos la historia de esa lucha, porque muchos de sus líderes están aquí mismo en esta iglesia. Lo que hicieron no cambió la ley debido a la traición de Barack por lo que continuamos con nuestro testimonio, nuestras marchas y nuestra confrontación con el Presidente. Y finalmente les obligaron darnos la política de discreción procesal.

Ser inocente significa seguir la ley de Dios en contra de una ley hipócrita. Hemos expuesto su hipocresía. Hemos tenido victorias. Esas victorias liberaron al pueblo de sus temores. Nos mostró la importancia de la unidad y la fidelidad de la familia.

Ves que esto es el plan de Jesús. Aquellos que son verdaderamente fieles a la ley de Dios se hacen inocentes por su fidelidad. Esto es porque es la hipocresía que nos niega el poder de la fe y que nos separa de Dios. Cuando nos enfrentamos a esa hipocresía, somos libres de ella y estamos restaurados a nuestra fe. Y el testimonio de la fe y la inocencia nos dará victoria.

Jesús enfrentó a las autoridades hipócritas por su enseñanza sobre el divorcio – y lo hizo delante de la gente. Las autoridades dijeron que sólo podrías conseguir un divorcio si los sacerdotes te dieron un certificado de divorcio. Era la ley. Entonces, tenías que conocer a un sacerdote amistoso.

Jesús dijo, “Lo que Dios había reunido ningún hombre debe separar.” Ves, los sacerdotes les decían a la gente pobre que eran pecadores por divorciarse – pero sí dieron certificados de divorcio a sus amigos cuando querían cambiar de esposas. ¡Hipocresía!

Quiero pensar en que es lo que nos hace este tipo de hipocresía. En este país hablan de los valores familiares. Ellos tienen una ley que dice que el matrimonio es sólo entre un hombre y una mujer para prohibir los matrimonios entre homosexuales. Pero la tasa de divorcio entre ciudadanos estadounidenses es el más alto del mundo. En su promedio el matrimonio aquí dura sólo dos años. Y no les importan romper familias con su ley de inmigración.

Después de un tiempo, empezamos a aceptar este hipocresía, eso es si no luchamos contra ella. Te estoy diciendo que la hipocresía es una enfermedad y es contagiosa. El matrimonio no es sólo un acuerdo de compañerismo. El matrimonio es un pacto para prever y criar a hijos en los caminos del Señor. El matrimonio es un pacto sagrado para continuar el pueblo de Dios, para hacerlos sobrevivir y ser tantos como las estrellas en el cielo. Entonces, es un pacto con Dios. En este pacto con Dios, dos personas están tan unidas, que ni la muerte puede separarlos, porque ellos están unidos en el tiempo de Dios. Cuando yo celebro un matrimonio aquí en esta iglesia, no sólo siento la presencia de Dios, yo también puedo ver a las dos personas en el cielo juntos, rodeado de ángeles, ángeles que les protegerán si son fieles. Eso es lo que veo en esos momentos de la ceremonia de matrimonio y estoy diciendo que ¡me hace temblar!

Y sin embargo, al aceptar la hipocresía de la ley, la hipocresía que te rodea, no tomas al matrimonio en serio. No preparas para ello. No esperas hasta que tú y tu pareja están claros acerca del propósito de su vida y su amor por los demás. Luego sus matrimonios se convierten en ollas hirviendo de celos, egoísmo, argumento, infidelidad y hasta violencia, como una olla de cangrejos vivos en agua hirviendo.

Los jóvenes deben entrar al mundo con la memoria poderosa de una familia llena de amor y armonía, de padres que amaban mutuamente y que amaban sin condiciones; de padres que les enseñaban y que con paciencia les dieron todo lo podrían darles; con padres que trabajaron y lucharon duro. Cuando están tentados a aceptar menos, cuando cometen errores, esos recuerdos volverán ponerles en el camino correcto de sus vidas.

Pero a menudo eso no es lo que está pasando: porque aceptamos a la hipocresía, la misma hipocresía que nos oprime, que separa a nuestra familia con su ley hipócrita. Familias rotas resultan en niños que van a vivir vidas rotas.

Y familias rotas contagian a la comunidad, la iglesia, y al movimiento del pueblo con su desarreglo, celos, egoísmo, enojo y violencia. Se convierten en una fuente de veneno para todos. Son contagiosas. Tienen consecuencias para todos que les rodean.

Hay matrimonios que no pueden funcionar. Todos equivocamos a veces. Pero no debe estar así. No debemos aceptarlo fácilmente. Y si sucede, ambas personas necesitan aprender de ella. Ellos tienen que formar una nueva relación, formar un nuevo tipo de pacto de perdón y el respeto que sigue prestando apoyo y instrucción, orden y amor a los niños.

Sé lo que enseña la iglesia, pero los musulmanes tienen un punto de vista diferente. Cuando las personas se casan, esperan un año antes de tener hijos. Si la relación no funciona, sólo cancelan al matrimonio. Quizás es algo que debemos considerar.

Resulta irónico que las familias que se separaron por deportación a menudo siguen siendo más fuertes que las familias que no enfrentan a ninguna presión externa pero se deshacen por sí mismos. Por eso honramos a los padres y las madres que fueron deportados pero regresan, concientes del peligro de la cárcel, para estar con sus familias y para apoyar a sus familias. Saben el valor y el propósito de la familia en su corazón. Pueden aprender a estar juntos en el amor y respeto y mantener el propósito de Dios para ellos.

Nuestro ministerio, la Familia Latina Unida, no es sólo una táctica para luchar contra una ley injusta. Es una Comisión. Es el reconocimiento que tenemos un destino. Veinte millones de personas, veinte millones de madres y padres, y hijos e hijas, luchando para mantener a sus familias juntos, es una oferta de redención a un país que hipócritamente ha dejado desintegrar a la familia. Si esta nación no da la bienvenida a esta oferta, condena a sí mismo.

Si tu sabes tu propósito, si ustedes se unen en un propósito común, entonces el amor crece. Las cosas materiales están muertas. No hay vida en ellas. El amor produce la vida y una cultura de la vida, porque nuestro Dios es un Dios de la vida.

Ves que no sólo leemos a la Biblia porque eso es lo que se hace los domingos en la iglesia. La Biblia es la historia de la lucha del pueblo de Dios: la lucha contra la opresión, la lucha contra la hipocresía y la lucha para resistir los efectos de la hipocresía en nuestras vidas. Nos encontramos a nosotros mismos en la Biblia porque es nuestra historia. Somos como el pueblo de Daniel y aprendemos de la sabiduría de su lucha.

La Biblia nos da el plan de Jesús. Nos enfrentamos a la hipocresía con inocencia y fidelidad, y Dios interviene igual que cuando él protegió a Daniel en la leonera. Al igual que él resucitó a Jesús de la muerte. Enfrentar a la hipocresía restaura nuestra fe y nuestra inocencia.

Este año tuvimos un signo de la intervención de Dios. Tuvimos una posada en el hospital de Rush. Entre los que fueron a demandar su derecho a la salud en este hospital de ricos fue un hombre llamado Sergio. Su esposa, su cuñada y su cuñado lo llevaron al hospital de la misma manera en que las familias llevaron a sus seres queridos enfermos a Jesús. Ellos creían que Dios quería que Sergio viera. Estaban allí para enfrentar a la hipocresía del hospital y a la hipocresía de una nación que aprobó una ley que niega la salud médica a los indocumentados, que les hizo inelegibles para el seguro médico. Vinieron con la fe que su Dios era un Dios de la vida.

Sergio es diabético y se había convertido en ciego. Los médicos en el hospital del condado dijeron que podía recuperar su vista con un tratamiento de láser – pero que era costosa y no tuvo seguro. De todas maneras vino, y su familia le trajo en la fe.

Debido a esta pequeña posada, porque condenó públicamente al hospital y a la nación por su hipocresía, Sergio consiguió su tratamiento al día siguiente. Igual que la canción que cantamos hoy: “yo fui ciego, pero ahora veo.” Amén.

Tal vez no veías lo que estábamos haciendo antes con este ministerio. Tal vez estabas ciego. Nosotros estamos luchando por la vida. ¡Tal vez ahora puedes ver! Ahora quizá serás un voluntario. Quizás ahora te sacrificarás y aportarás los recursos que necesitamos.

Vamos a seguir luchando para mantener a las familias juntas cuando están atacadas por el ley roto. Vamos a continuar con la campaña de “cuatro más uno para obtener veinte,” para construir un ejército de mil jóvenes que van a llevar diez mil de los sin seguro médico ante la hipocresía del seguro médico de esta nación, porque Dios nos ha dado una señal de su intervención que eso es lo que nos llama a hacer.

Aún así, tenemos que ser más que una iglesia. Les estamos pidiendo que formen pequeñas comunidades de fe de entre cinco y diez familias, a vivir el plan de Jesús; esto mantendrá el propósito en su familia; esto les harán leer y encontrar su lugar en la Biblia juntos; esto les ayudarán no aceptar la hipocresía de esta nación; esto será el comienzo de un movimiento que cambiará esta nación y quitará la injusticia de nuestras vidas. Comienza a pensar en ello. Reza sobre ella. Seguiremos a Jesús, su enseñanza a la cruz y su resurrección en Semana Santa. Luego comenzaremos a organizar las comunidades pequeñas de fe. Siete semanas más tarde, en Pentecostés, tendremos la primera asamblea de las comunidades de fe.

No hay nada que no podemos hacer con Dios. Él restaura nuestra fe y nuestra inocencia con su perdón y su sabiduría y confunde a nuestros enemigos con la fe y la inocencia nueva que él nos da.

Estábamos ciegos, pero pronto vamos a ver. Estábamos en la sombras y estábamos avergonzados y menospreciados, pero pronto seremos los herederos de esta nación. Porque Dios nos ha plantado aquí, como árboles fuertes, como robles de rectitud, su gloria para dar a conocer.

Llévanos sus leones, sus Romneys y sus Santorums, que quieren destruir nuestras familias, sus Obamas con sus promesas rotas. Nos quedamos firmes en la promesa de Dios. Los leones no pueden herir a nosotros. Sus leyes no pueden destruirnos. Su hipocresía no puede infectarnos. Dios está con nosotros. Somos su pueblo y él es nuestro Dios. ¡Nosotros venceremos!

¿Amén? ¡Amén! ¡Amén!

Sagradas escrituras para la segunda semana de marzo a Jerusalén
 
Daniel 6:13-22  Daniel en el foso de los leones

¡Pues Daniel —respondieron ellos—, que es uno de los exiliados de Judá, no toma en cuenta a Su Majestad ni al decreto que ha promulgado! ¡Todavía sigue orando a su Dios tres veces al día! Cuando el rey escuchó esto, se deprimió mucho y se propuso salvar a Daniel, así que durante todo el día buscó la forma de salvarlo. Pero aquellos hombres fueron a ver al rey y lo presionaron: No olvide Su Majestad que, según la ley de los medos y los persas, ningún decreto ni edicto emitido por el rey puede ser derogado.  El rey dio entonces la orden, y Daniel fue arrojado al foso de los leones. Allí el rey animaba a Daniel: ¡Que tu Dios, a quien siempre sirves, se digne salvarte! Trajeron entonces una piedra, y con ella taparon la boca del foso. El rey lo selló con su propio anillo y con el de sus nobles, para que la sentencia contra Daniel no pudiera ser cambiada. Luego volvió a su palacio y pasó la noche sin comer y sin divertirse, y hasta el sueño se le fue.Tan pronto como amaneció, se levantó y fue al foso de los leones.Ya cerca, lleno de ansiedad gritó: Daniel, siervo del Dios viviente, ¿pudo tu Dios, a quien siempre sirves, salvarte de los leones? ¡Que viva Su Majestad por siempre! —contestó Daniel desde el foso—. Mi Dios envió a su ángel y les cerró la boca a los leones. No me han hecho ningún daño, porque Dios bien sabe que soy inocente. ¡Tampoco he cometido nada malo contra Su Majestad!

 

Mateo 19:3-9 sobre el divorcio

Algunos fariseos se le acercaron y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: ¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier motivo? ¿No han leído —replicó Jesús— que en el principio el Creador “los hizo hombre y mujer” , y dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo” ? Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Le replicaron: —¿Por qué, entonces, mandó Moisés que un hombre le diera a su esposa un certificado de divorcio y la despidiera? Moisés les permitió divorciarse de su esposa por lo obstinados que son respondió Jesús—. Pero no fue así desde el principio.Les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, el que se divorcia de su esposa, y se casa con otra, comete adulterio.

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